La segunda etapa de la investigación es financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates

 

El médico Fernando Polack, uno de los principales expertos del mundo en enfermedades virales respiratorias, encabeza la Fundación Infant, que desde 2003 a la actualidad realizó investigaciones por valores equivalentes a 1.800 millones de pesos para tratar de “solucionar problemas respiratorios de los chicos y las poblaciones vulnerables” en la Argentina. En medio de la pandemia de coronavirus, la fundación conducida por Polack realizará a partir de mañana con un equipo multidisciplinario de más de 70 personas un estudio a través del cual se tratará de determinar si el plasma de aquellos que padecieron coronavirus puede detener la progresión a neumonía grave de los que presenten mínimos síntomas de la enfermedad.

 

El estudio se realizará en principio en colaboración con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires en las instalaciones de los hospitales públicos San Juan de Dios, Simplemente Evita, Doctor Carlos Bocalandro y Evita Pueblo. En tanto, en la Capital participarán el Hospital Militar Central, el Sanatorio de Los Arcos, CEMIC, la Obra Social de los empleados de Comercio (OSECAC) y el Sanatorio Finochietto. En los últimos días se sumó al proyecto también el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Polack explicó la intención del estudio: “El plasma de convaleciente es el líquido de la sangre que tiene anticuerpos, que son defensas importantes contra el virus de los que ya tuvieron la enfermedad. Esto se estudiará como tratamiento para personas a las que se le detecta el virus de manera temprana para intentar evitar que empeore. Nosotros pensamos que la mejor estrategia es usar el plasma lo antes posible, cuando el paciente de edad avanzada presenta menos de dos días de síntomas inequívocos de coronavirus. Desde un punto de vista médico si se puede bloquear la progresión del virus, hay que intentarlo. Porque cuanto antes se frene, es mejor. Pero para saber si esta estrategia funciona o no, hay que testearla formalmente. No hay que caer en recomendar un tratamiento simplemente por opiniones, como ocurrió con la hidroxicloroquina. Y para eso encaramos este estudio”.

 

El estudio tiene dos partes. La primera, que es la que se inicia mañana con la extracción de sangre de los infectados, y la administración del plasma a algunos de los participantes en el estudio. Otros recibirán placebo. A este tipo de procedimientos se los conoce como estudios “doble ciego”. Los pacientes que participan del estudio son asignados al azar a recibir placebo o plasma de convaleciente, ya que aún no se sabe si el tratamiento evaluado sirve o no sirve. Para llevar adelante el procedimiento hace falta una logística complicada. Se debe realizar una gran campaña de recolección de plasma, trasladar los pacientes con medidas de seguridad propias de la pandemia, controlar que las aplicaciones se hagan con el correspondiente cuidado y, además, realizar las determinaciones de PCR para coronavirus en menos de cinco horas (en general tardan alrededor de 24 horas) para que los pacientes reciban su tratamiento lo antes posible. El personal de hospitales, clínicas y obras sociales fue entrenado en las últimas semanas por gente de la Fundación Infant.

 

La fundación que dirige Polack puso gran parte de los fondos necesarios para hacer la primera parte del estudio, conseguidos mediante subsidios para investigación. Algunas empresas privadas han donado dinero o sus servicios (de logística, por ejemplo).

 

Sobre esta fase, Polack explica: “Convocaremos a participar del estudio a pacientes mayores de 65 años que tengan síntomas muy tempranos de coronavirus confirmado. Compararemos el tratamiento actual del coronavirus -que es básicamente controlar los síntomas- contra el tratamiento actual más el plasma de convaleciente”. El infectólogo lo deja muy claro: “La única manera de saber si esto funciona como forma de mitigar la enfermedad es evaluándolo. No sabemos si funciona pero debemos testearlo porque si lo hiciese será muy importante para implementar en la población”.

 

Luego de la fase de recolección del plasma y el monitoreo de los pacientes a los que se les aplicó el plasma de convalecientes y en el caso que se demuestre que funciona, la investigación entra en una segunda etapa cuyos costos superan el medio millón de dólares. Ese dinero fue aportado por la Fundación Bill y Melinda Gates que desde hace años -junto al Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y el Molecular Research Council de Inglaterra- es uno de los principales aportantes que tiene la Fundación Infant para hacer investigaciones en Argentina.

 

Polack señala que esa segunda etapa consiste en “simplificar el plasma de convaleciente concentrándolo en una inmunoglobulina que permita una inyección intramuscular de 5 mililitros, en vez de una inyección endovenosa. La producción de inmoglobulina se hará en la Universidad Nacional de Córdoba que tiene un instituto de hemoderivados en perfectas condiciones de realizar esta tarea”.

 

El estudio comenzará mañana. Si se consiguen donantes de plasma con celeridad los resultados se obtendrán en pocas semanas. Y recién entonces se sabrá si funciona.

 

 

 

Las muertes rozan los 100.000, una pérdida incalculable”, titula el New York Times en una de las tapas más dolorosas de su historia: son 1.000 víctimas, sus edades y dónde vivían. Todo en detalle.

Ni en Pearl Harbor los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, EEUU causaron tantos muertos. En Pearl Harbor (1941) el ataque japonés por sorpresa a la base militar de Hawái, perdieron la vida 2.400 estadounidenses, mientras que otras 2.996 fueron asesinadas en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. “Las 1.000 personas nombradas aquí reflejan sólo el 1% de las cifras. Ninguna fue un mero número”, afirma el diario. “No eran simplemente unos nombres en una lista. Eran nosotros“. Este es el impacto del coronavirus en los EEUU, la cifra de enfermos, de trabajos perdidos, de vidas que cambiaron para siembre.
Los contagiados superan el 1.600.000, en una crisis sin precedentes en el país más golpeado del mundo -por lejos- por la pandemia.