Miles de viviendas fueron afectadas por el movimiento sísmico, por lo que el personal de emergencia trabajó durante toda la noche para remover las ruinas y tratar de llegar a las personas atrapadas. El colegio Rébsamen estaba repleto de alumnos y maestros: allí se centra la mayor atención

Gritos pidiendo silencio, el ruido de las sirenas y oleadas de polvareda se entremezclan en las calles de la Ciudad de México, donde la incertidumbre reina en los numerosos rescates desencadenados tras el fuerte terremoto de magnitud 7,1 en la escala de Richter que ya ha dejado al menos 225 muertos en el país, 94 de ellos en la capital. El gobierno decretó tres días de luto nacional.

Los equipos de emergencia han solicitado a la población la donación de mazos, motosierras, brocas de barrenado y serruchos para continuar con la remoción de escombros, así como de radios para mantener la comunicación entre el personal.

En parques públicos aledaños se instalaron campamentos en donde se reunía ayuda para rescatistas y damnificados. Numerosas personas durmieron en la calle sobre cobijas o dentro de tiendas de campaña.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) decretó que este miércoles se suspendieran de clases de todos los planteles de la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Tlaxcala, Estado de México, Hidalgo y Michoacán. Asimismo, la institución informó de que en la Ciudad de México se tienen contabilizadas, de forma preliminar, 209 escuelas afectadas, 15 con daños mayores.

Gran parte de los capitalinos no durmieron, temerosos de una fuerte réplica y pendientes de los rescates en la cuarentena de edificios colapsados en Ciudad de México, que el 19 de septiembre de 1985 quedó parcialmente destruida por un sismo de 8,1 grados que dejó más de 10.000 muertos.